Génesis 1 y la tierra primitiva

¿Da la Biblia un relato preciso de las cosas que describe? La respuesta a esta pregunta tiene enormes ramificaciones para la forma en que elegimos vivir. Si la respuesta es “no”, entonces la Biblia pertenece a la clase de literatura con ideas interesantes y a menudo elegantes que pueden resultar útiles en la vida. Si la respuesta es “sí”, ofrece una narración convincente y maravillosa de quién es Dios y cómo nos relacionamos con él. Los dos primeros versículos de la Biblia ofrecen una prueba para esta pregunta. Aunque la mayoría de la gente está familiarizada con la descripción bíblica “en el principio”, a menudo pasan por alto el relato de la tierra primitiva que aparece en el siguiente versículo (Génesis 1:2). Así como la ciencia apoya la idea de un comienzo del universo, las nuevas investigaciones científicas afirman la validez de este versículo que habla de las “condiciones iniciales”.

Descripción bíblica de la tierra primitiva

Génesis 1:1 describe la creación del universo, pero Génesis 1:2 cambia inmediatamente el marco de referencia del cosmos (o del más allá) a la superficie de la tierra. Concretamente, el versículo dice: “La tierra no tenía forma y estaba vacía, y la oscuridad cubría las aguas profundas; y el Espíritu de Dios se movía en el aire sobre la superficie de las aguas” (NTV). Este relato da cuatro condiciones iniciales que describen la tierra antes de la obra de Dios durante la semana de la creación.

  1. Sin forma: sin estructura
  2. Vacía: sin vida
  3. Oscura
  4. Dominada por el agua

Además, la frase “no tenía forma y estaba vacía” significa que la superficie de la tierra era una ruina desolada e indistinguible, es decir, totalmente inadecuada para la vida.

Descripción científica de la tierra primitiva

Los planetas rocosos como la tierra se forman a través de un proceso llamado de acreción del núcleo (ver imagen inferior). Cuando una nube gigante de gas colapsa para formar un sistema solar, la estrella se forma en el centro mientras el resto del material cae en un disco que orbita alrededor de la estrella. Dentro del disco, el hielo y el polvo comienzan a agruparse para formar objetos más grandes, que acaban creciendo lo suficiente como para atraer a otros trozos de hielo y polvo, así como a otras aglomeraciones. A continuación, los grupos más grandes siguen creciendo y los grupos más pequeños se rompen o se unen a los grupos más grandes. El último paso del proceso de formación de planetas incluye una época en la que los grandes planetesimales (planetas en formación) chocan entre sí y los planetas eliminan todo el polvo, el hielo y el material restante en sus órbitas.

Figura: La acreción del núcleo que conduce a la formación de un planeta. Crédito de la imagen: Sean Platt, Reasons to Believe

Durante esta última fase, la tierra habría experimentado numerosas colisiones con objetos de tamaños que van desde unos pocos metros hasta decenas e incluso cientos de kilómetros de diámetro. La mayoría de los científicos piensan que la Luna fue el resultado de la colisión de la Tierra con un objeto del tamaño de Marte durante el final de esta fase. Este tipo de grandes impactos nos permite conocer las condiciones de la tierra primitiva. Cada uno de estos grandes impactadores habría licuado la superficie del planeta, convertido toda el agua de la superficie en vapor y lanzado una enorme cantidad de escombros a la atmósfera y a la órbita de la Tierra. Al enfriarse el planeta, el agua caliente (probablemente hirviente) habría cubierto toda la “tierra” bajo un manto oscuro de escombros orbitales atmosféricos. Esta descripción científica suena como un mundo acuático vacío, sin forma y oscuro.

Una etapa adicional de bombardeo

Incluso después de la fase de formación, los planetas siguen experimentando colisiones con cometas y asteroides (restos del proceso de formación) dispersos por todo el sistema solar. Sin embargo, las superficies de Mercurio y de la Luna proporcionan pruebas de un período de bombardeo especialmente intenso, conocido como bombardeo intenso tardío (LHB). Las investigaciones indican que unos 100 objetos capaces de crear cráteres de 960 kilómetros de diámetro chocaron contra la Tierra durante este periodo. (Este proceso de colisión continúa en la actualidad, aunque a un ritmo drásticamente reducido). Muchas colisiones durante el LHB habrían recreado las cuatro condiciones de la tierra primitiva.

Las fechas aceptadas para el LHB suelen situarse entre 4.100 y 3.800 millones de años atrás. Sin embargo, un estudio reciente indica que el LHB podría haber comenzado tan atrás como 4.480 millones de años atrás, casi al principio de la existencia de la Tierra. Las fechas más antiguas de las muestras de roca lunar se remontan a 3.900 millones de años, lo que establece un tiempo límite para el final del LHB. Sin embargo, como señala el geólogo Stephen Mojzsis, “la parte de la Luna en la que hemos alunizado es muy inusual… está fuertemente afectada por un gran impacto, la cuenca Imbrium, que tiene unos 3.900 millones de años y afecta a casi todas las muestras que tomamos”. En cambio, Mojzsis y su equipo observaron las fechas radiométricas de los meteoritos recogidos en la Tierra y se dieron cuenta de que ninguno de ellos databa de más de 4.450 millones de años atrás. Si el LHB es responsable de reajustar las edades radiométricas de estos meteoritos, entonces esta fecha corresponde al final del LHB.1

Conclusión

Tanto el proceso de formación de los planetas como los efectos del LHB habrían producido condiciones en la tierra primitiva que coinciden con la descripción bíblica de Génesis 1:2. Este resultado se mantiene independientemente de si la fecha convencional para el LHB o la fecha de Mojzsis es correcta. El resto del relato de Génesis 1 describe cómo Dios transformó este mundo estéril, hostil para la vida, oscuro y acuático en un lugar repleto de una abundante y diversa variedad de vida. La correspondencia de las descripciones científicas y bíblicas de la tierra primitiva y la forma en que esa correspondencia continúa a lo largo del resto de Génesis 1 nos proporcionan una buena razón para confiar en la Biblia y en su mensaje. La Biblia revela la existencia de Dios, así como el modo que hizo que lo conociéramos. ¡Y esa es una gran noticia!

Notas
  1. Stephen J. Mojzsis et al., “Onset of Giant Planet Migration before 4480 Million Years Ago,” Astrophysical Journal 881, no. 1 (August 10, 2019): 44, doi:10.3847/1538-4357/ab2c03.